El contraste que presantaban, la inquietud de su corazón y el tranquilo, sumiso, mundo invernal lo dejó estupefacto: ¡con qué calma, con qué dulzura y mansedumbre se ofrecían sembrados y bosques, collados y pradera al sol, al viento, a la lluvia, a la sequía, a la nieve; qué hermosos y pacientes soportaban arces y fresnos la carga del invierno!
¿Sería posible ser como ellos, aprender algo de ellos?
Narciso y Goldmundo
(Hermann Hesse)
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